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Las Normas del Yankee Stadium

Tras el final del partido en el Yankee Stadium el domingo por la noche, la cuestión sobre quien es el propietario de la última pelota en  conseguir un cuadrangular, está en duda. Cuando la pelota cayó dentro de la red de protección en el centro-inzquierdo del campo, un aficionado alargó la mano para coger la pelota através de la red. Después de que el guardia de seguridad le indicara que dejara ir la pelota, esta cayó en manos de otro aficionado en la zona. El equipo de seguridad recuperó la pelota y la devolvió al primer aficionado, según las normas del Yankee Stadium. El segundo aficionado está recurriendo a las vías legales, lo cual ha sido un problema con otras pelotas de béisbol similares.

Expertos legales han estudiado este tipo de temas. Paul Finkelman, profesor en la Universidad de Derecho de Albany, fue mencionado en un artículo del Cardozo Law Review titulado: “Pelotas de Béisbol Fugitivas y la Propiedad Abandonada: ¿A Quién Pertenece la Pelota del Cuadrangular?. El artículo describió un simpósium que afectó al record de 500 cuadrangulares en la carrera profesional de Barry Bonds.

En cuanto a los cuadrangulares de Molina, el profesor Finkelman dijo que “me parece que cuando la pelota entró en la red, entró en posesión de los Yankeed de Nueva York. Y si los oficiales del estadio cogen la pelota y dicen “Te la daremos” - a quienquiera que estén señalando - tienen todo el derecho a hacerlo”.

La organización de los Yankees está investigando el incidente para ver a quien, de hecho, pertenece la pelota. Los subastadores calculan que el valor de la pelota puede estar entre 25.000 y 50.000 dólares, así que obviamente hay mucho en juego. Sin embargo, parece que según las normas y las leyes del Yankee Stadium, la pelota está en manos del propietario legítimo.

Conforme a Howard J. Rubenstein, un portavoz para los Yankees, el estadio estableció, desde hace tiempo, un procedimiento para cuando una pelota queda en la red y un aficionado alarga la mano para cogerla.
 
Indicó que a los guardas se les enseñó a dejar ir la pelota y una vez estuviera libre en la red el guarda la devolvería.

“El aficionado no renuncia a la propiedad de la pelota, tan solo renuncia a su custodia”, según comentó el Sr. Rubenstein.
 

 

 

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